Las mentiras sobre Jack O'Lantern

31 octubre 2015

Todos parecen estar muy seguros de que la verdad detrás de las calabazas de Halloween es un simple pacto con el Diablo, un fuego fatuo encerrado en un nabo de un granjero tacaño llamado Jack. Sin embargo esto no es más que fantasía, una leyenda, una forma de ocultaros a vosotros, humanos, el trabajo que Creëb y yo debemos realizar la víspera de Todos los Santos, año tras año. Si os interesa conocer la verdad, tendréis que sentaros con nosotros.

Espiral onírica

30 octubre 2015

Soñé que mi madre estaba muerta; su cuerpo descansando en una mala postura sobre el sofá. Una sombra revoloteaba a su alrededor como un carroñero y al sentir mi presencia se dirigió hacia mí dispuesta a atacarme. Me desperté del susto y me levanté de la cama; al abrir la puerta a mi derecha ella estaba tumbada tal y como la acababa de ver. Alzó la cabeza y me miró a los ojos. "Siento haberte asustado, hija. Estaba echada como en tu sueño". La miré, confundida; la única forma de que ella supiera eso era que siguiese soñando. Tragué saliva y cerré los ojos con fuerza, esperando despertar de verdad. Abrí los ojos y estaba tumbada bocarriba, el cuarto de mis padres quedaba a mi derecha. En ese momento me pareció ver algo moverse a mi alrededor. Al girarme, las sombras comenzaban a cernirse sobre mi cuerpo. No pude gritar, no me salía la voz: debía estar soñando de nuevo. Cerré los ojos con fuerza, esperando despertar. Abrí los ojos y comencé a golpear la puerta de mis padres, gritando y pidiéndoles ayuda. Las sombras se pegaban a mi espalda. Abrí los ojos y...
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Participando en el Concurso de Microcuentos "Microterror IV"

Latas de tomate

- Los fantasmas no existen, Clara.
- Alguien me ha movido las latas de tomate, Luís. Tú no has sido, y yo tampoco, y no vive nadie más aquí.
- Los habrás dejado en un sitio y luego te habrás olvidado. No te emparanoies por una tontería como los botes de tomate.

Clara tuvo que volver al supermercado a comprar nuevos botes de tomate triturado. Se aseguró de dejarlos en el estante de siempre y en la esquina de siempre, visibles a sus ojos y a los de su esposo. Dos días más tarde, dispuesta a hacer una rica salsa boloñesa, los botes habían desaparecido.

- ¡Luís! -Llamó a su marido, desesperada. Él acudió rápidamente a la cocina.- ¡Luís, el tomate, no está el tomate!
- Clara, por el amor de dios, tranquilízate. Lo usé ayer, está en la nevera, no tenemos ningún fantasma. -Hizo una pequeña pausa.- Tengo que irme a trabajar. ¿Estarás bien sola?
- Sí, sí. Márchate tranquilo.

Luís volvió de trabajar a las 19:06. Cuando entró en casa y llegó a la cocina, su mujer yacía sobre la mesa. En el suelo, una lata de tomate estaba llena de la sangre de su muñeca.

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Participando en el Concurso de Microcuentos "Microterror IV"

Premio Liebster Award

12 octubre 2015

Cuando reabrí el blog no tenía pensado hablaros directamente como autora detrás de mis textos, ya que para eso creé la página "Sobre mí", pero esta es una ocasión especial porque José Carlos García, desde su blog La burbuja literaria de J.C, me ha nominado al premio "Liebster Award". Lo cierto es que lo hizo a finales de agosto, pero aún no me manejaba demasiado por Google+ así que la mención cayó en el olvido... Hasta ahora. Le agradezco especialmente haber pensado en mi pequeño blog para darlo a conocer desde el suyo. ¡Muchas gracias, J.C!

Rebeldía, tropiezos y apuestas

05 octubre 2015

Linda despertó aquella mañana en el centro de un espeso bosque, tumbada sobre un claro al que llegaba directamente la luz del sol. Lo primero que cruzó su mente fue el tan típico “¿Qué estoy haciendo aquí?” unido de una ligera sensación de pánico, pero pronto comenzó a recordarlo todo y el desconcierto dio lugar a una sonrisa maliciosa reflejada en sus ojos rojizos. Se puso en pie de un salto, cuan enérgica había sido siempre; su vestido blanco con lazos amarillo pastel, típico de aquella época victoriana en la que vivía, estaba repleto de hojas y ramas de las que había por el suelo, así como arrugado y con algunos rotos. Esto solo le hizo aún más gracia a la muchacha. Sabía lo mucho que su abuela le había insistido en ir arreglada al encuentro y, por si fuese poco, aquél era su vestido favorito. 
 
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