El sonido del revólver

25 julio 2016

La noche se adentraba en la habitación vacía que daba al jardín. Un hombre caminaba hacia ella con pasos lentos, cargando bajo el brazo un tomo de cuero rojo oscuro. Encendió la luz de la sala y abriendo las puertas de cristal salió para sentarse en uno de los bancos más cercanos a la fuente, que borboteaba agua con suavidad a esas horas. Eso era todo cuanto podía escucharse: el agua cayendo despacio y salpicando la piedra con cada chapoteo, y la brisa tranquila acariciándole la frente al hombre que ahora leía sentado. La luz de la habitación vacía era suficientemente ténue como para no llamar demasiado la atención, pero suficientemente intensa como para permitirle leer sin dificultad. Las páginas amarilleaban en las esquinas y en el punto de unión, y su tacto era rugoso y áspero; páginas leídas una y otra vez que ansiaban descansar eternamente de las lecturas de ese hombre. No tuvieron esa suerte aquella noche, ya que él las devoraba como si fuese la primera vez que las leía. Estaba completamente inmerso en la lectura, saboreando cada pequeño detalle de la misma, leyendo con la tranquilidad de alguien que no tiene nada más que hacer, y con el ansia de aquel que tendría que estar ocupado haciendo otras cosas. 

Ratones y sombreros II

22 julio 2016

Para Rindomeel, ese no era un problema tan grande como habría sido para cualquier otro ratón. Él era valiente, y también entre ingenuo y despistado, lo que le hacía mostrarse más predispuesto para este tipo de tareas peligrosas. Doscientos pedacitos de emmental supondrían un buen pedazo que probablemente debería llevarse de una sola vez si no quería que le pillaran, pero él solo no iba a poder con tanto queso. Comenzó a trazar un plan rápidamente para llevar a cabo su tarea. Apenas un par de días más tarde, cuando la luna estaba lo suficientemente alta, el ratón deslizó el trozo de pared superpuesto al hueco y se adentró en el estudio de los Menslow, con el corazón palpitándole con fuerza. Le esperaba una noche intensa.

Ratones y sombreros

19 julio 2016

Rindomeel corría a toda velocidad por el suelo de parqué, y sus pisadas podían escucharse perfectamente desde cualquier lugar de la habitación. Y es que no era la primera vez que se escapaba, pues no era muy obediente, ni tampoco precavido. Cualquiera sabría que no tenía sentido adentrarse en la casa de los Menslow, una familia un poco esnob que se las daba de ser de clase alta, porque Melina Menslow era la hija de un importante productor de trampas anti-ratones, y nada le gustaba más a Melina que ofrecerle a su padre nuevos ratones con los que probar sus inventos. Pero la verdad era que Rindomeel había hecho un buen trabajo seleccionando el agujero adecuado, ya que estaba lo suficientemente escondido como para que no se notase su presencia a simple vista y, si uno se acercaba, se encontraba con una simple grieta en la pared, pues nuestro ratón conservaba la pieza que encajaba perfectamente en el hueco, y la colocaba cada vez que se marchaba.

Segunda nominación a los premios Best Blog

14 julio 2016

Gracias a la genial iniciativa Seamos seguidores a la que me apunté hace un par de días he recibido una nueva nominación a estos premios a través del blog Wild Books, el cual os animo a visitar. ¡Muchas gracias, Hotaru!


 
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