#Cuentiembre cancelado

19 noviembre 2015

¡Hola a todos! Me dirijo de nuevo a vosotros para comunicaros que voy a dejar de lado el reto de cuentiembre. Últimamente es más una obsesión que un hobbie, algo que hago por obligación y no por gusto. Y en el momento en que empiezas a escribir sin que te guste lo que haces, estás perdido. Así que sintiéndolo mucho voy a dejarlo apartado, pero continuaré los cuentos del alfabeto poco a poco, cuando me sienta inspirada y me guste lo que escribo. He pensado poner un día de publicaciones, martes o jueves, aún no lo he decidido, pero os avisaré mediante Google+. Muchas gracias a todos los que me estáis siguiendo día a día, aunque cada vez seáis unos poquitos menos; yo aprecio 100 lecturas igual que aprecio una sola: el objetivo es llegar a alguien :) Gracias a todos por vuestros votos positivos, vuestros comentarios, por cada vez que compartís mis textos, pues es una sensación realmente gratificante. ¡Nos leemos!

#Cuentiembre con la Ñ - Reflexiones sobre el amor

18 noviembre 2015

Ñoña no es la palabra adecuada. Puede que un poco empalagosa, de las que se te pegan como una lapa y se preocupan hasta del más mínimo detalle; de las que no pueden dormirse sin darte las buenas noches y decirte lo mucho que te quieren. Romántica hasta la médula y cariñosa como la que más, intentando siempre sorprenderte y hacerte cualquier tontería, porque para ella todo es un regalo. Te abrazará como si pudiera absorberte en el acto y guardarse tu esencia con ella durante el tiempo que no estéis juntos. Y no es que te robe tu vida, ella te dejará ser libre porque confía en ti, y la confianza es lo más grande que puede haber para que un amor sea verdadero.

#Cuentiembre con la N - El oso de Zachara

17 noviembre 2015

Nació una mañana fría; sus ojitos se abrieron al mismo tiempo que el sol aparecía por el este, empezando a bañarlo todo con su luz. En el bosque de Zachara se reunían todos los animales para ver llegar al nuevo príncipe de los bosques, un oso pardo de ojos anaranjados que les guiaría a través de la oscuridad que cubría sus tierras. Estaba escrito que un nuevo príncipe llegaría y, con la sabiduría del Sol en su mirada, les devolvería su paz. El osito nació una mañana fría que debía ser una caliente, así que su magia se traspapeló en su nacimiento: el Sol no le llenó de sabiduría animal, sino que le hizo un poco humano. Y con la humanidad vino la arrogancia, el egoísmo, la envidia, el mal. El oso gobernó los bosques de Zachara, no dándoles la esperanza de un mundo mejor, sino manteniéndoles bajo su mando con miedo a lo que podría hacerles. Y en Zachara reinó la oscuridad para siempre.

#Cuentiembre con la M - La rosa

16 noviembre 2015

Mi paso es lento, cada vez más lento. Sé que voy a detenerme. Si sigo así no voy a poder seguir en pie siquiera. Es como si hubiese una barrera delante de mí, una gran masa de aire que me impide caminar. Me falta el aire, apenas puedo respirar. Se me nubla la vista, abro la boca, pruebo a decir algo pero no me sale la voz. ¿Estoy muriéndome?

Caigo al suelo de rodillas, noto el peso del espeso aire -de la barrera- sobre mi espalda. Cierro los ojos con fuerza, intento gritar pero solo sale aire. Desesperado empiezo a llorar, nervioso, con miedo. No puedo quedarme así siempre.

No sé cuanto tiempo pasa, pero me parece que ha pasado una eternidad. Abro los ojos y soy capaz de ver, pero solo la veo a ella, tan hermosa como una flor. Se acerca a mí, acaricia mi nuca; noto un fuerte dolor, punzante, como si me estuviesen clavando miles de pinchos allí donde ella ha tocado. La observo de nuevo; es una rosa, llena de espinas.

Me doy cuenta de que tengo unas tijeras de podar en las manos y le indico con un gesto que se acerque. Ella se agacha delante de mí sonriéndome con una falsa ternura. Cierro los ojos con fuerza y corto la rosa por la mitad, haciéndola desaparecer. Y de pronto me vuelve la vista, la voz, el aire. Soy capaz de moverme. Soy libre.

#Cuentiembre con LL - El maquinista

15 noviembre 2015

Llegaba el tren a su última parada. La mujer ocupando el cuarto asiento debía tener unos cuarenta años. Su piel era morena y sus ojos eran claros, pero estaban tan vacíos que parecían estar hechos de madera; sin embargo, no eran así en el momento en que subió al tren: eligió un asiento con ventana y sacó su teléfono del bolso, para después abrirlo y cargar uno de los muchos vídeos que tenía en la galería. En él aparecía una niña pequeña jugando en el parque, con los mismos ojos claros que los de la mujer del vagón número siete; estaba sentada en un columpio, siendo empujada por un hombre que la trataba como si fuese la muñeca más frágil del universo. La niña reía tanto que se le escapaban las lágrimas, mientras que a la mujer se le enrojecían los ojos tratando de contenerlas.

#Cuentiembre con la L - El baúl (II)

14 noviembre 2015

Levanté las manos en símbolo de rendición para ganarme unos segundos en los que bajasen la guardia. A continuación, me deslicé lo más rápido que pude hacia una de las paredes y agarré una katana con la empuñadura de color azul claro. Al tocarla, su hoja brilló con la misma luz que brillaban las mujeres del kimono, y pronto se lanzaron todas a por mí. Esquivé sus ataques uno por uno, la espada se movía como si fuese parte de mi brazo; cada vez que las tocaba su luz se desvanecía y el traje caía al suelo como si nunca hubiese estado ocupado. Sentía el poder de la katana vibrando en mi mano, pero toda su fuerza desapareció tras el último golpe. Dejé la katana tirada en el suelo y dibujé impaciente la quinta runa, casi con desesperación: necesitaba saber qué había ahí dentro. El baúl se abrió y su luz me cegó totalmente, sentí cómo mi esencia me abandonaba y se fundía con la katana de la empuñadura azul, mientras mi cuerpo era engullido por la luz del baúl. Segundos después toda la sala estaba perfectamente ordenada, esperando la siguiente víctima que engullir.

#Cuentiembre con la K - El baúl (I)

13 noviembre 2015

Kimonos y katanas adornaban la habitación aquel atardecer de primavera. A través de las cortinas entraba una luz sutil de color naranja, marcando el camino desde la ventana hasta un baúl de madera maciza. Me acerqué lentamente, pasando mis dedos por la seda de los trajes y deteniéndome a observar la multitud de finas espadas que vestían las paredes. El baúl estaba marcado con símbolos extraños, como runas. Acaricié sus formas en relieve dibujándolas de nuevo con mis manos; de pronto, cuando hube recorrido al menos tres de las cinco runas, una luz extraña empezó a emanar del interior del baúl. Me atreví a deslizar el índice sobre una cuarta runa y la luz se hizo más intensa. Antes de poder dibujar la quinta, la misma luz gris azulada del baúl formó distintas figuras femeninas dentro de los kimonos, que cobraron vida. Me puse en pie mientras cogían las katanas y me apuntaban con ellas, una por una. Tragué saliva; sus ojos vacíos se clavaban en mi piel cortándome la respiración.
Continuará...

#Cuentiembre con la J - Apocalipsis natural

12 noviembre 2015

Junto al río, las hojas de los árboles van cayendo una por una pese a que aún no es otoño. Me acerco al río y veo mi reflejo en él, el reflejo de un animal salvaje y todavía libre. Veo mi reflejo mientras las hojas se apoyan sobre mi cabeza, mientras nuevas hojas empujan a las anteriores para sustituírlas; caen con la tristeza que se tiene cuando sabes que no vas a volver a nacer. La naturaleza está muriendo, y con ella cada uno de nosotros. El tronco del árbol más cercano empieza a ennegrecer, y luego se hace gris, y luego parece ceniza. Los pájaros cada vez vuelan más bajo, y algunos ni siquiera pueden volar. Los primeros renacuajos se mantienen a flote en la superficie del río. Es el presagio de que algo está cambiando, de que algo nuevo se avecina. Ya llegan los humanos.

#Cuentiembre con la I - Plata fundida

11 noviembre 2015

Imponentes, sus ojos me observan desde el otro lado del espejo. Son grises, pero su gris parece plata fundida mientras que el mío es del color de un cubierto viejo y sucio, desgastado por el uso. Su mirada brillante delata la seguridad que la posee; esa no soy yo, no puedo serlo. Me conozco y, aunque su figura es exactamente la misma que la mía y sus movimientos son perfectamente iguales a los míos, yo no tengo esa apariencia, no desprendo ese aura de poseerlo todo, de saberlo todo. No me queda otra que creer que ella soy yo misma; probablemente una versión mejorada y algo difuminada de lo que en realidad soy, pero esto último es fácilmente explicable teniendo en cuenta el Bourbon de hace un rato. Sí, estoy segura de que ella es un efecto de mi borrachera. Al menos hasta que entreabre los labios y murmura unas palabras; entonces, se me detiene el corazón unos segundos y el aire desaparece de mis pulmones.

#Cuentiembre con la H - Enciende la luz

10 noviembre 2015

Hundiendo la cabeza en el hueco de sus brazos, Miranda se pregunta cuánto rato más va a pasar antes de que le entre el sueño. Está apoyada sobre su escritorio, blanco y perfectamente organizado, cuyos objetos están ordenados según su utilización. En una de las esquinas, un flexo con la tulipa apuntando hacia el techo ilumina la estancia. Alza la cabeza y observa la habitación: es todo tan blanco, tan perfecto... Las paredes están desnudas, impolutas, y sobre las ventanas hay unas cortinas grises y tupidas que impiden el paso de la -a esas horas, escasa- luz exterior. A su derecha está el armario, abierto y también blanco, dejando ver varias copias del mismo uniforme de colegio, además de otras camisas y varios pantalones de tonos claros. Apoya la cabeza sobre las manos y se enreda el pelo entre los dedos, preguntándose cuándo dejará de vestir de ese modo, cuándo adornará su habitación, cuándo habrá en ese cuarto un color que no sea blanco o gris. Suspira profundo y se deja caer sobre la cama, cubriéndose los ojos con el antebrazo. Ha de aceptar su realidad; ha de aceptar que, con unos padres como los suyos, no tiene nada que hacer: su vida siempre será del mismo color. De forma descuidada, apoya el brazo sobre la cama, abriendo los ojos; algo ha cambiado. Dirige la mirada al flexo, y en principio todo parece normal, pero hay algo en su visión que es ligeramente distinto. Mira a todos lados en su habitación y es cuando sus ojos pasan por encima de sus piernas que se da cuenta de lo que ocurre: Escala de grises. Está viéndolo todo en blanco y negro, como en las películas antiguas. Su respiración se acelera y se frota los ojos para asegurarse de que no ha sido cosa de un momento. Se mira los brazos, el abdomen, las piernas: nada es del color de su piel, todo se ve gris, blanquecino. Asustada, se acerca a la mesa y apaga la luz. Se tumba de nuevo, cierra los ojos con fuerza y empieza una cuenta atrás antes de volver a abrirlos, encender la luz y comprobar qué ocurre con su vista. Diez... Nueve... Ocho... Siete... Seis... Miranda se ha quedado dormida.

#Cuentiembre con Gu - El creador de fuegos fatuos

09 noviembre 2015

Guiándome por el bosque iba el fuego fatuo, desesperado por conducirme a un futuro en el que me encontrase perdido. Y es que yo ya era conocedor de su naturaleza malévola, porque el objetivo de mi vida siempre fue saberlo todo acerca de esas pequeñas criaturas luminosas, así que emprendí el viaje a los bosques buscando una de ellas. No tardé demasiado en encontrar el fuego fatuo que andaba buscando, pues yo mismo le creé: pasé la mayor parte de mi vida llevando por el mal camino a un niño pequeño, desde las sombras, utilizando distintos trucos y artimañas, para luego darle a la muerte. Le dejé perderse en el mismo bosque en el que me encontraba yo en ese momento y dejé que pereciera; solo así renacería como un fuego fatuo. Iba anotando en mi diario cada desvío del camino que me hacía tomar el espíritu del niño. "Al parecer, los fuegos fatuos guardan sus memorias incluso después de la muerte; de no ser así, únicamente me habría perdido." fue lo último que pude escribir antes de hundirme en el pantano de arenas movedizas.

#Cuentiembre con la G - La melodía del gato

08 noviembre 2015

Grácilmente, como si pequeñas cintas de seda tirasen de su cuerpo, el hada mecía cada parte de su ser al ritmo de la música. Se movía despacio, con los pasos pequeños y delicados del que parece tener miedo de pisar una flor, pese a que sus pies nunca llegaban a rozar el suelo de madera. Su cabello se mecía como si la primavera soplase sobre él, queriendo acariciar una hebra de su verdoso cabello cada vez. El gato la observaba sin prisa sentado junto al fuego de la chimenea, viendo cada parte de su cuerpecillo bailar para él. Cuando la música dejó de sonar el hada pudo por fin apoyar un pie, y luego otro, sobre el frío del parqué; caminó hasta el felino e hizo una reverencia, dejando que su largo cabello aceituna le cayese por los hombros como una cascada. El gato se ajustó la pajarita y se colocó el sombrero de copa. "¿Me concedería otro baile, señorita?"; esta vez fue él quien se inclinó ante su acompañante. El hada sonrió y bailaron toda la noche, hasta que no quedó más fuego en las brasas y eran ellos los que iluminaban la estancia con el brillo de sus ojos.

#Cuentiembre con la F - El chico de la chistera

07 noviembre 2015

"Formaldehído" rezaba la etiqueta de uno de los diez bidones que había en el sótano, todos exactamente iguales al anterior. La sala estaba escrupulosamente dividida en varias secciones: al fondo a la derecha, los bidones; a la izquierda de estos, el suelo y las paredes estaban recubiertos de baldosas, y había un enorme sumidero con algunas manchas resecas; justo en el lado contrario había una habitación que contrastaba con el resto del oscuro sótano: era la perfecta recreación de un salón antiguo, con preciosas butacas de color marfil y una chistera negra reposando sobre la mesita de café. Una familia al completo descansaba en cada una de ellas; estaban el padre, la madre y una chica joven. En la última esquina de la estancia estaba otro muchacho, también joven, cargando el cuerpo sin vida de un niño de no más de siete años. Lo arrastró hasta llegar al sumidero y le abrió la yugular, drenándole toda la sangre del cuerpo. Mientras esto pasaba, cogió uno de los bidones que aún estaban llenos y comenzó a inyectarle formol por la carótida. Al terminar, lavó el cuerpo del pequeño, le masajeó la piel y le tapó los oídos y la nariz con diminutas bolitas de algodón. Más tarde, le vistió y le peinó, para luego dejarle sentado en la butaca que aún estaba vacía. Por fin tenía lo que quería: una familia unida que nunca le dejaría solo.

#Cuentiembre con la E - Dale azúcar al ratón

06 noviembre 2015

Está oscuro todavía, y eso que hace bastante rato que me metí en este pequeño agujero en la pared. Ellos aún no se han dado cuenta de que es aquí donde nos escondemos, y les escuchamos buscarnos todo el tiempo. Hace poco salió uno de nosotros, el que era negro con manchas grises, y desde entonces no le hemos vuelto a ver. Supongo que le capturaron, la más pequeña produce un sonido insoportable cuando nos ve y dejó de hacerlo poco después de que perdiésemos al de las manchas. Lo último que sé es que están intentando atraernos con queso, pero no se les ha ocurrido nada mejor que coger el que huele más fuerte, por si no teníamos un olfato suficientemente sensible. ¿Es que no se dan cuenta de que ese olor solo hace que nos alejemos? Si supieran cuánto nos gustan los dulces...

#Cuentiembre con la D - Duendes

05 noviembre 2015

Decía que las noches de lluvia no había que cerrar las puertas; que los duendes necesitaban refugiarse en algún lugar y, después del trabajo que les costaba atravesar las persianas y las ventanas, lo mínimo que podíamos hacer era abrirles paso dentro de nuestro hogar, para que pudieran encontrarse los unos con los otros. Cada noche de tormenta se aseguraba de abrir todas las puertas de la casa, y dejaba varios cuencos vacíos en la mesa para que los duendes pudieran sentarse a charlar mientras dejaban secar sus ropas. Decía que teníamos que dejar tres -pero solo tres- galletas con pizquitas de chocolate, porque si los duendes toman demasiado azúcar hacen travesuras. Decía que había que cuidarlos para que ellos cuidasen de nosotros. La noche en que se le detuvo el corazón la encontré tendida en la cama, con una sonrisa en los labios y las manos llenas de sombreritos picudos de color rojo. Era una noche de tormenta.

#Cuentiembre con Ch - Música en tu cuerpo

04 noviembre 2015

Chupas de cuero, aretes en la oreja y tatuajes bajo la ropa. Cada recoveco de tu cuerpo parece querer gritarle a todo el mundo lo fuerte que eres, tu piel es un barullo de gente que grita y salta y no deja moverse a nadie. El concierto de tu cuerpo me impide el paso más allá, empujándome y pisándome para que no avance, para que no pueda ver sino lo que tú dejas que se vea de ti. Pero todo concierto termina, y es entonces cuando veo las ojeras que intentas hacer pasar desapercibidas. Es cuando estás ausente que veo y siento los callos en tus manos, cuando estás débil puedo ver a través de ti, a través de esos ojos verde apagado que luchan por brillar un día más, por ser fuerte un día más. No huyas, déjame tocar en tu escenario.

#Cuentiembre con la C - Tarta de calamar

03 noviembre 2015

- Calamares dice que quiere. ¡Y le parecerá bonito! ¿Sabe usted por qué no como pescado, señorita? ¡Por los calamares! Y no cualquier calamar, ¡El calamar gigante! Así que ya puede usted alejarse de mí si le apetecen tanto. A menos que sepa hacer tartas de queso, claro.
La muchacha estaba tumbada sobre la arena, con las gafas de sol caídas de mala manera sobre el puente de la nariz y el teléfono en la oreja. Su novio iba a ir a recogerla para comer pero, cuando dijo que no había nada en el mundo que quisiera más que un plato de calamares, un anciano sentado a su derecha empezó a decirle todas esas cosas. Colgó con prisas antes de girarse hacia él, con el ceño fruncido y la confusión pintándose en su rostro color chocolate.
- ¿Cómo dice? -Le preguntó al anciano.- ¿Un calamar gigante?
- Sí señorita, en estas mismas playas hace 35 años. Yo era bombero y conocí a mi esposa en un incendio. Después de casarnos vinimos a vivir aquí y me hice pescador. Una vez, nadando en estas aguas, salió un calamar gigante y se tragó a mi esposa, enterita delante de mis ojos; luego, desapareció para siempre. Desde entonces no como nada que provenga del mar y, mientras tanto, pruebo todas las tartas de queso que se me cruzan por delante, pero ninguna tiene el más mínimo parecido a la que me preparaba mi bonita esposa. -El hombre apoyó la cabeza en su silla y elevó la mirada al cielo, antes de murmurar para sí mismo.- Tal vez me guste la tarta de calamar.

#Cuentiembre con la B - Infinito helado

02 noviembre 2015

Blanca era la nieve que te cubría aquella noche de diciembre, cuando el destino quiso que te perdieras en el bosque y tus piececitos se enredaran, haciendo chocar tu rubia cabecita contra el suelo. Blanca era la nieve que te cubría pero roja era la que te sostenía desde abajo, pintando una nieve de mentira como los soldados de la Reina Roja pintaban las flores en el País de las Maravillas. Su manto resguardaba tu cuerpecito del frío, irónicamente, mientras yo recordaba cómo tiempo atrás me decías convencida: "La nieve es cuando el agua tiene frío, tenemos que ponerle una mantita". Observé tu cuerpo inerte sin poder hacer nada más, sin poder evitar lo que ya había ocurrido, y de pronto te apareciste frente a mí. "Ahora estaremos juntas, hasta el infinito" te susurré cuando corriste a abrazarme. Entonces levantaste la cabeza y preguntaste: "Mamá, ¿El infinito está arriba o abajo?"

#Cuentiembre con la A - Sombrero de paja

01 noviembre 2015

Al contrario que en los últimos días, la playa no tiene apenas gente. Las nubes opacan el que podría haber sido un caluroso día de verano, pero eso no parece importarle a la señora del sombrero de paja. Ella está tumbada en su hamaca, rodeada por la enérgica charla de las que deben ser sus amigas. Sin embargo, no participa en la conversación: da la impresión de que su única inquietud es el vaivén de las olas. En cierto momento se levanta y camina despacio por la arena, pareciendo que cada paso le pesara infinitamente. Al alcanzar la pasarela de madera dirige la mirada hacia el paseo y se detiene por un momento, observando a la gente pasar como si estuviese buscando algo, como si buscase a alguien; casi puede verse la tristeza en las arrugas de su rostro. Tras una breve visita a los baños portátiles regresa a su hamaca, como si su viaje hubiera sido en realidad una excusa para mirar a su alrededor. A su derecha, una madre juega con su hijo a lanzarse la pelota; las risas del pequeño alcanzan los oídos de cualquiera, incluso los de la señora, que parece que sonríe. Las mujeres que la acompañan siguen envueltas en su charla, riendo de vez en cuando, pero la señora del sombrero de paja no aparta su mirada del mar en ningún momento.
 
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